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Como vimos cuando trabajamos las propiedades de la Iglesia, ésta se fundamenta en Jesucristo, el Hijo de Dios. Y como Él es su fundamento las fuerzas del mal no la destruirán.

Ahora bien, es necesario detenernos un momento y reconocer que estas afirmaciones, que para nosotras hoy no son motivo de discusión, son el resultado de un sincero trabajo de reflexión.

Comencemos recordando que muchos de los contemporáneos de Jesucristo no llegaron a descubrirlo como “El Hijo de Dios”: unos decían que era un profeta, otros que era Juan Bautista o que era un endemoniado. Es más, constatamos que esta situación que parece tan lejana, no ha cambiado del todo, aun después de varios siglos. Muchos todavía ven a Jesús sólo como un gran porfeta y nada más. Por eso fue y es necesario razonar la fe.

¿Quién es Jesús de Nazareth? Te invito a dar respuesta a esta pregunta. Tienes plazo hasta el 30 de abril.

Luego leer, para la clase: Herejías: Arrianismo y Docetismo